Fue raro al principio. El viejo sentado a un costado del niño, del lado del pasillo del colectivo. “Disculpe ¿Por dónde estamos?” le inquiere al niño. El chico le hace referencia a un puente por el que atravesaba el vehículo en ese momento. Estaban llegando al pueblo. “¿Podría decirme cómo se ve?”, le preguntó luego, y el chico miró por la ventanilla y le contestó: “Sí... se ve... un árbol... un perro...”.
El viejo era ciego y el chico en cuanto se da cuenta de esto decide dibujar historias acerca de ese pueblito al que hacía tiempo el viejo no visitaba y del que muy cerca se encontraban ya.
Inventa historias que dice ver camino a la estación a través de la ventanilla y el viejo sonríe, sus ojos ciegos se iluminan.
“Llegamos” finalmente le dice el chico a ese viejo esperanzado; “Hay una familia ansiosa, como esperando a alguien”. Y el viejo aprieta el paquetito que trae entre sus manos y sonríe ilusionado. Uno ve la escena y se le hace un nudo en la garganta.
Pero ¡¿qué esperar de la televisión!? Tan sólo una mentira.
El viejo baja con su paquete intacto, aún después del viaje, y gira sobre sus pasos, esperando el abrazo de esa “familia ansiosa”. No pasa nada, más que la mirada del chico sobre él que se aleja, con una sonrisa que parece dulce. Sin embargo, cuando el abrazo no llega, uno se va acercando a la verdad: ¡todo era mentira!. Entonces, la sonrisa se torna cínica, siniestra, sádica.
El pobre viejo espera y detrás se vislumbran unos brazos y vestidos largos, como si la familia existiese, pero no es la “familia ansiosa” que espera al viejo. Tal vez, esa familia que debiera esperarlo ansiosa haya muerto, uno por uno, cada integrante hasta no quedar nadie.
¿El viejo esperará por mucho tiempo? Eso no importa, porque la publicidad finalizó. Y una poesía bizarra, tan cínica como aquella sonrisa, pero admitiendo la mentira, dice:
“Que en el 2006 la magia de la televisión siga siendo la magia de la gente.
Ese es el deseo de Canal Trece”
30-12-2005
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